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El final de la 1ª Guerra Púnica, en el año 241 a.C, significó la derrota de Cartago, quien en la firma de un tratado de paz con Roma, le diezmaba ampliamente con respecto a la República Romana.

Soldados como Amilcar Barca, general del ejército cartaginés destinado en Sicilia, quien en su ímpetu luchador quería continuar la guerra, veía ese tratado como una sumisión de su pueblo ante Roma. La vuelta a Cartago, de aquellos soldados, en su mayoría mercenarios, tuvo que ser de total desolación. Estos mercenarios formaban una fuerza de unos 20.000 hombres, compuesto por pueblos de diversos enclaves tales como celtas, iberos, ligures, baleares, griegos y libios.

Los problemas acuciaron pronto al Senado Cartaginés, que junto con la deuda contraída con Roma, por el pago del coste exigido por el tratado de paz, se sumaba la reclamación del correspondiente pago a estos soldados, que duramente habían luchado en Sicilia. Pero este pago no podían y no querían abonarlo, así que estos soldados asentados en la fortaleza de Sicca, comenzaron a saquear los alrededores como respuesta a este impago.

 

 

El senado cartaginés envió a Hannon el Grande para negociar con los mercenarios y templar su espíritu de venganza, sin embargo no era el más adecuado para dicha responsabilidad y les envalentono más si cabe en aras a reclamar su exigencia. Así dieron un paso más y marcharon tomando Túnez, ciudad próxima a Cartago. En esta ocasión fue enviado allí Giscon para parlamentar, siendo hecho prisionero.

Roma fue involucrada tras la petición de ayuda de ambos bandos, si bien se decantó por Cartago, liberando prisioneros de guerra que mantenía en su poder sin coste alguno, así como llevando grano a la ciudad. Próximamente movería su pieza, en el ajedrezado del mediterráneo.

A los mercenarios pronto se les unieron un contingente de 70.000 libios en apoyo  a su causa, precipitandose la guerra, destacándose entre las filas de este ejército dos hombres Spendios y Mathos.

 

 

En el año 240 a.C tuvo lugar una contienda, en la que el ejercito cartaginés comandado por Hannon, quien levantó el cerco a la ciudad de Utica, llevado a cabo por los mercenarios, estos posteriormente le derrotaron, ello hizo que de nuevo Amilcar Barca, le fuera entregado el mando del ejército de Cartago.

En el año 239 a.C tuvo lugar la Batalla de Bagradas, en la que quedó demostrado la capacidad estratégica de Amilcar, quien derroto al ejercito mercenario, tras engañarles en un movimiento de repliegue, que precipito el erróneo pensamiento a los mercenarios que huían, pero esto no fue así y en el descontrol de la batalla Amilcar se impuso. El líder mercenarios Spendios logró huir.

Posteriormente durante el 239 a.C, Amilcar se centro en recuperar el control de las ciudades, que se encontraban bajo control de sus enemigos, cuando un nuevo enfrentamiento entre ambos ejércitos, fue ganado por Amilcar, quien tras esto posibilitó que aquellos mercenarios supervivientes que quisieran volver junto a él, pudieron acceder a ello sin contratiempo ninguno. Amilcar admirado por muchos de aquellos hombres que habían luchado con él, durante la Primera Guerra Púnica aceptaron. Sin embargo Spendios y aquellos de sus seguidores continuaron la guerra.

Durante el transcurso de los años 239 y 238 a.C, los cartagineses sufrieron diversos reverses, tales como la rebelión del destacamento cartaginés, en su mayoría mercenarios, de Cerdeña a favor de los suyos, así como diversas ciudades que hicieron lo mismo, pudiendo decantar la victoria mercenaria por el momento, en esta cruenta guerra.

 

 

Así se llegó al año 238 a.C, cuando tuvo lugar la batalla del desfiladero de la Sierra, en la que en transcurso de la marcha de los mercenarios en la búsqueda de enfrentarse al ejército de Amilcar, esta fue realizada en terreno escabroso y de montaña. Amilcar, intencionadamente, les condujo al desfiladero llamado de la Sierra, en el que les cercó, imposibilitándoles su escapatoria. Pactaron la entrega de los lideres rebeldes, si bien finalmente el enfrentamiento militar estaba abocado y dio lugar a una matanza en la que prácticamente los mercenarios fueron masacrados.

Muchas ciudades que dieron la espalda a Cartago, de nuevo se volvieron en su apoyo, mientras por su parte Amilcar sitio Túnez uno de los últimos bastiones de los rebeldes.

Amilcar junto con el otro general cartaginés Hannon, derrotaron a las últimas fuerzas de mercenarios que quedaban en su oposición. Posteriormente sitiaron las ciudades de Utica e Hipona, todavía proclives a los mercenarios, reduciéndolas sin mayor dificultad. Se daba fin a la guerra.

Roma por su parte, se aprovechó de las vicisitudes de la guerra, para ocupar la isla de Cerdeña y acrecentar su poder en el mediterráneo.

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