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El año 1492 estuvo marcado sin duda por varios acontecimientos que engrandeció la monarquía de los futuros conocidos como Reyes Católicos, hechos tales como la conquista de Granada y el descubrimiento de América. Pero a finales de ese citado año y en concreto el día 7 de diciembre pudo cambiar posiblemente el rumbo de la historia de España.

Los reyes Isabel y Fernando, se encontraban en la ciudad de Barcelona, junto con el futuro heredero Juan, desde el 24 de octubre, habiendo sido recibidos con grandes vítores y reconocimientos, sin embargo ninguno esperaba el acontecimiento que se iba a producir.

 

 

El 7 de diciembre cuando Fernando salía de una audiencia de justicia de la Capilla de Santa Agata, situada en la Plaza del Rey, encontrándose en la escalinata, un individuo que se encontraba entre la multitud de gente situadas en las inmediaciones de la plaza, a fin de poder saludar al rey, salió de manera precipitada sacando de entre sus ropajes una espada corta, la cual la dirigió contra Fernando, asestándolo un corte en la sien y el hombro izquierdo, parando la embestida, la cadena del toisón de oro que llevaba, evitando así una mayor profundidad de corte.

Quizás el movimiento de Fernando bajando la escalera o bien la falta de templanza del homicida en el último instante de ejecutar su acción, fue lo que salvo al rey de sufrir una herida de mayor gravedad.

Sea como fuere, el autor del hecho fue reducido por la escolta de manera rápida, quienes le asestaron varias puñaladas, sin embargo Fernando, pese a la herida y a la tensión del momento, les mando parar y así evitar que acabaran con su vida.

 

 

Pronto el rumor de que el Rey  había muerto, recorrió la ciudad, produciéndose una confusión enorme. Las noticias que llegaron a Isabel la llevaron a pensar en una sublevación de la ciudad, por lo que alarmada hizo que las galeras castellanas se aproximaran a puerto para una rápida salida. Fernando estuvo convaleciente varios días a consecuencia de la fiebre, temiéndose por su vida, sin embargo la fuerza del rey hizo que el 9 de febrero saliera de su letargo, para agradecer a los ciudadanos la gratitud mostrada, quedando como heridas la fractura de la clavícula y siete puntos que le dieron para curar la herida cortante.

El homicida, llamado Juan de Cañamares, tras unos interrogatorios pasados por torturas, con la finalidad de conocer la instigación que le llevo a cometer el hecho ilícito, en un primer momento indicó que había sido el Espíritu Santo quien le había prometido que se convertiría en Rey si fallecía Fernando y en otro ocasión indico que se lo había encomendado el Diablo.

Se descartaba así una sublevación contra la corona, o una posible revelación del pueblo rural. El atacante, pese al perdón dado por el rey por su supuesta locura, su final fue macabro. Paseado en carro por las calles de Barcelona y descuartizado ante la multitud.

Un asesinato que de haberse producido pudo cambiar la historia.

 

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