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El inicio de la Primera Guerra Mundial conllevó las primeras escaramuzas, muertes y  especialmente el establecimiento de trincheras que caracterizaría toda la contienda bélica.

Tan solo cuatro meses después del  comienzo del conflicto, la frontera entre los bandos aliados y alemán se habían estabilizado mediante la formación de trincheras, oquedades en el terreno que los soldados construían como parapeto frente a los ataques, en las que creían que tan solo pasarían pequeños periodos de tiempo, a fin de avanzar en el frente, sin embargo pasarían un tiempo extensivo.

Durante la Nochebuena del primer año del conflicto, en  plena navidades, encontrándose los soldados recluidos en sus trincheras esperando ordenes de avanzar frente al bando enemigo, desde la zona alemana, diversos soldados comenzaron a cantar villancicos. El asombro desde las filas del bando aliado, hizo que  respondieran mediante la entonación, al igual que los alemanes, de cantos navideños.

 

 

Desde las atrocidades de un campo de batalla, soldados de cada bando, al fin y al cabo personas de distintas nacionalidades, dejaron atrás sus diferencias y se unieron en un canto universal que demostró la humanidad de aquellos combatientes.

Ahí no acabó la historia, ya que un soldado alemán con los brazos levantados, se acercó a la zona de los aliados solicitándoles el poder enterrar a sus camaradas muertos en el campo de batalla, animándose en dicho gestos los aliados para con ello recoger los cuerpos de sus compañeros y amigos.

 

 

La tregua de navidad dio lugar al intercambio de comida, cigarros e incluso a un partido de fútbol que al parecer ganó Alemania, pero sin duda la mejor victoria fue aquellos momentos de paz entre aquellos guerreros, durante una guerra que se prolongaría hasta el año 1918.

 

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