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Tiempo cálido, donde apenas la brisa corría, era un 10 de abril de 1291, Guillaume de Beaujeu, elegido tiempo atrás  maestre de la Orden del Temple, observaba desde lo alto de la torre Oeste, donde se encontraba ubicado el campamento de la Orden, el crepitar de los numerosos tambores de los mamelucos apostados en las proximidades de la ciudad de Acre, únicamente pudo lanzar un suspiro y contemplar con añoranza el fondo del mar mediterráneo, donde creía ver su casa y su familia en Francia. Sabía que pese a contar con numerosos hermanos Templarios, los más aguerridos soldados, disciplinados y con mayor coraje que podría existir, la ciudad de Acre estaba condenada.

Falta de recursos, mayor apoyo por aquellos reyes de Europa más preocupados por sus posesiones que por mantener el espíritu de las cruzadas, daba igual, todo estaba perdido.

 

 

Miró a su derecha donde se encontraba su fiel amigo y hermano Teobaldo Gaudin, llevaban juntos años en aquellas inhóspitas tierras donde había nacido su amado Jesús y en las que tiempo atrás se había fundada su amada Orden en Jerusalén, en manos musulmanas desde 1187.

El muro era fuerte y todavía resistía las embestidas de aquellos infieles con sus armas de asedio, que llevaban 5 días intentando hacerlas sucumbir. Pese a las incursiones realizadas contra los campamentos mamelucos por las fuerzas templarías, hospitalarias y teutónicas, que se mantenían unidas en la ciudad, no lograron  dispersarlos, sabían que no lo conseguirían, pero ellos lo intentaron en varias ocasiones, como era su deber. Sabían que los muros no resistirían y deberían enfrentarse contra un ejército poderoso de más de 100.000 combatientes.

 

 

 

El día 18 de abril la zona donde está situada la conocida como torre Maldita, no soportó más las continuas embestidas de los proyectiles de las catapultas y termino por sucumbir, abriéndose una enorme grieta, los mamelucos se desplegaron por aquella gran oquedad, que atravesaron lanzando poderosos gritos y continuando el crepitar de los tambores. La lucha encarnizada en la que fueron participes hospitalarios y templarios, no imposibilitó la penetración del ejército mameluco, que pronto se hizo con gran parte de la ciudad de Acre.

 

El maestro templario, quien luchó encarecidamente junto con sus hermanos, fallecería más tarde por las heridas del combate, habiéndose refugiado en la fortaleza templario, junto con otros templarios más. Los musulmanes sabedores de que caballeros templarios se habían guardado en su torre, la asediaron con determinación. Allí resistieron los valerosos templarios, quienes el 25 mayo, tras tantos días de asedio y viendo la imposibilidad de su rendición, fueron ofertadas por sus enemigos la posibilidad de que emprendieran la huida, reconociéndose con ello su valor. Gaudin marcho junto con varios hermanos con dirección a Tirón, pero el resto de Templarios, permanecieron en su fortaleza, con firmeza sabedores de que su fin estaba próximo, así el 28 de mayo, los musulmanes dinamitaron la fortaleza, que desapareció del lugar donde se ubicaba, junto con aquellos gloriosos caballeros templarios.

 

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