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Aníbal Barca Escipión el Africano

 

En el año 203 a.C, mientras Aníbal se encontraba reunido en su campamento en el sur de Italia, un mensajero procedente de Cartago le entregaba un mensaje del consejo cartaginés encomendándole su rápido regreso a tierras africanas, puesto que una fuerza romana se encontraba próxima. Tras 13 años de continua lucha en territorio itálico, Aníbal abandona su sueño y su destino de hacer sucumbir a la potencia de Roma como prometió a su padre.

El joven general romano Publio Cornelio Escipion llevo la guerra a tierras africanas, sabía que era la forma de reconducir una contienda que había durado mucho tiempo y que tanto había desgastado a ambas poblaciones y sin duda acertó en ello.

Tras la llegada de Aníbal a tierras de Cartago a marchas forzadas y ya siendo el año 202 a.C, ambos ejércitos se asentaron próximos a la ciudad de Zama, situada a unos 160 km de Cartago. Se presagiaba la batalla definitiva que resolvería una contienda prolongada durante mucho tiempo, desde la conocida como I guerra Púnica.

 

 

Aníbal sabía que esta vez los romanos no se lo iban a poner fácil, al frente del ejército de roma, compuesto por veteranos, se encontraba un general joven, procedente de una familia poderosa y que la campaña le había dado esa experiencia y agresividad que les había faltado a anteriores cónsules derrotados. Aníbal no lo dudo y pidió parlamentar con aquel romano del que tanto había oído hablar y que respetaba.

Por su parte Escipión estaba ante su oportunidad de acabar con la guerra, sabía que el ejército cartaginés estaba cansado, aquellos veteranos que tanto temor despertaban ya no tenían esa fuerza que habían demostrado y que los nuevos soldados aportados por Cartago eran jóvenes e inexpertos. Escipión no cambio el gesto cuando le llego el mensaje del cartagines solicitando un encuentro, no se lo esperaba, pero sin duda le lleno de expectación.

Ambos se aproximaron en sus caballos a un punto neutro acompañados cada uno de ellos por tan solo varios soldados. Antes de descabalgar, ambos se miraron, se catalogaron y sin duda se retaron con la mirada, una mirada que escondía una profunda admiración entre ambos, sin lugar a dudas se encontraban dos hombres que llevaban bajo sus hombros una responsabilidad infinita.

 

 

Fue Aníbal el primero que se dirigió al romano en un latín entendible y quien le saludo con profundo respeto, pero sin embargo de manera altiva le espetó a Escipion que no eran bienvenidos y que confrontarse una vez más podía suponer otra derrota más para ellos. Escipion en ningún momento le bajo la mirada, se la mantuvo y le reto respondiéndole que no estaban de paso, que habían llegado a tan inhóspito lugar para quedarse.

La tensión era alta, ambos ejércitos estaban preparados por si se trataba de una emboscada, pero emboscada planificado por quien, eran los máximos responsables de sus ejército y eran ellos quienes desean encontrarse el uno con el otro.

El cartaginés mantuvo su postura más erguida si cabe, demostrando que se encontraba en una posición de fuerza, para ofrecer al romano un tratado de paz, una salida pactada que sin duda le consto pronunciar. Esta posibilidad no le cogió por sorpresa a Escipión, la sopeso y estudio por breves instantes, pero con una sonrisa y con un tono distendido le indicó que eso ya no era posible.

No se dieron la mano, únicamente se citaron para el día siguiente en el campo de batalla, pero mientras se alejaban cada uno hacia su campamento militar, no les cabía ninguna duda que ambos se profesaban una admiración completa.

 

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