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Tras la reconquista de Acre en el año 1187, en Europa se soñaba con la vuelta a aquellos territorios santos conquistados en la Primera Cruzada, despertando una nueva esperanza de la mano de grandes monarcas cristianos como el rey de Inglaterra Ricardo, conocido como Ricardo Corazón de León.

La Tercera Cruzada estaba en camino y en el año 1192 bajo el mando de Ricardo, el ejército cristiano partía desde Acre hacia la ciudad de Jaffa para su reconquista.

Los caballeros de la Orden del Temple, orden de monjes guerreros creada tras la Primera Cruzada con la finalidad de defender a aquellos peregrinos que querían llegar a los lugares por los que Jesús había orado, habían crecido en número y fuerza, serian ellos quienes encabezaron aquella marcha hacia Jaffa. Reconocidos por su valor, disciplina y coraje, quienes mejor que ellos para dirigir el ejercito cristiano por tan inhóspito lugar.

 

 

Una patrulla de cuarenta caballeros templarios, montados en sus hermosos corceles, cuidados y aptos para la guerra que cada caballero cuidaba como suyo, sin serlo puesto que en su regla les impedía tener propiedades, trotaban en sus monturas de manera diligente, en grupos de dos, quienes se adelantaron varios días del ejercito cristiano, para con ello evitar cualquier ataque sorpresa del enemigo enemigo a la columna cristiana que se dirigía a Jaffa.

En su trotar por aquellos caminos desiertos, divisaron a lo lejos un grupo de aproximadamente cien sarracenos, algunos con caballos y la mayoría a pie, situados encima de un promontorio, vigilantes, expectantes, sabiendo que aquellos caballeros tan solo eran una avanzadilla pero que podían delatar su posición.

Ante este inesperado encuentro, los caballeros cristianos, sabedores de que iban a ser atacados por esas huestes de infieles y que huir no iba en su norma, todos ellos contemplaron al cielo y solicitando la ayuda de su señor Jesús y esperando la orden de su mariscal, quien dirigía la avanzadilla, de ponerse el yelmo, este contempla a sus hermanos y con una sonrisa que disimula el miedo, pero a la vez la alegría de saberse protegido por aquellos caballeros da la orden de ponerse el yelmo, desenvainar sus espadas y formar en escuadrones.

Disciplina, orden y jerarquía, los Pobres Caballeros de Cristo como también eran conocidos por su renuncia a todo lo material, llevaban a cabo todo un ritual a la hora de enfrentarse con su enemigo. Tras pedir a Dios su  ayuda y su fuerza y a la espera de la orden del Mariscal, el pequeño grupo de caballeros que aún a sabiendas que les doblaban en número sus enemigos, cosa que en sí mismo les era indiferente, porque un templario nunca se retira, no se doblega, no se rinde.

 

 

La carga estaba en marcha, aquellos cuarenta hombres a galope, bajo una nube de polvo celestial que les envolvía, se dirigían hacia esos sarracenos, sin miedo, protegiéndose con sus escudos de las flechas enemigas y dando las primeras envestidas con sus poderosas espadas a aquellos que portaban sus caballos, para a continuación dirigirse a aquellos arqueros tan certeros que habían herido a varios de los templarios.

Tras este primer choque de nuevo las fuerzas templarias se reorganizaron para llevar a cabo una nueva embestida, observando el daño que habían afligido a sus enemigos, quienes nerviosos y sabedores de que esos cristianos volverían de nuevo y que no se iban a rendir pese a su inferioridad numérica, decidieron huir.

Los templarios observaron como aquellos sarracenos huían y no hicieron nada por seguirlos, sabían que próximos a ellos acampaban su ejército y que avisarían de que la columna cristiana se dirigía allí y les alertarían de que aquellos caballeros Templarios encabezaban su fuerza, lo que despertaría sin duda su temor, sabedores de la valía y de la garra con la que aquellos hombres luchaban.

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He aquí un relato de lo que pudo ser un enfrentamiento  previo, durante la Tercera Cruzada en la que las fuerzas cristianas bajo el mando de Ricardo, rey de Inglaterra, se enfrentaron al sultán Saladino en las cercanias de Jafa y con cuya contienda, acabarian firmando el llamado tratado de Jafa, una tregua que posibilitaria la visita de los cristianas a Tierra Santa.

Sin duda los caballeros Templarios jugaron un papel importante durante la contienda, quedando en manos suyas la protección de Acre, último bastión cristiano que subyugaría tiempo después, pero eso es otra historia, con este relato deseo mostrar la fuerza que transmitian esta orden de caballeros llamados Templarios, en los continuos enfrentamientos que tuvieron lugar durante las cruzadas.