Hacia el año 844 en la costa de Gijón fueron avistadas unas embarcaciones diferentes a las que solían utilizar los pescadores, las cuales arribaron en la orilla, bajándose de ellas unos hombres altos, corpulentos,  con extrañas vestiduras y con la sola intención de aprovisionarse con agua, siguiendo nuevamente su rumbo hacia el mar, perdiéndose en el gran mar azul.

Las gentes se quedaron petrificadas, eran simplemente hombres o dioses, no supieron nada más.

David, un joven pastor que solía recorrer las costas de Galicia al cuidado del rebaño de las ovejas de su padre, avistó estas naves extrañas que pocos días antes arribaron en Gijón, nunca había visto nada parecido en su corta vida, eran unas embarcaciones que en su proa se prolongaban con figuras extrañas, animalescas, como dragones.

 

Al avistar el Farum Brigantium (Torre de Hercúles), fijaron su rumbo hacia la costa, David pudo observarles desde su posición privilegiada como esas bestias que coronaban aquellas embarcaciones rugían con voces abominables, pero eran aquellos hombres que se encontraban dentro de las embarcaciones quienes con unos cuernos emitían un poderoso ruido ensordecedor.

Cien o más hombres bajaron de sus embarcaciones portando escudos circulares, espadas y hachas de grandes dimensiones, vestidos con pieles de animales, con un aspecto que helo a David, quien se dirigió a su pueblo Clunia, a poca distancia de allí, para informar a su padre de aquellos extraños visitantes.

David enseguida encontró a su padre y le contó el relato de lo acontecido, quién ante el nerviosismo de su hijo y el miedo con el que hablaba decidió dirigirse hacia varios habitantes del pueblo para que dieran la alarma, replicándose las campanas de la pequeña iglesia a continuación. El incesante sonido de las campanas, extraño a la población, pero ya era demasiado tarde.

Una avanzadilla de cincuenta hombres con ojos inyectados en sangre se adentraron en el pueblo, esgrimiendo poderosas armas que en seguida cobraron numerosas víctimas, para seguidamente cuantiosos guerreros, todavía con un aspecto más aterrador, penetrar entre las calles y casas de la población dando gritos salvajes de animales, a la vez que resurgía el poderoso sonido de los cuernos que David había escuchado.

Los habitantes, armados algunos de ellos con palos, otros simplemente rezando y otros atemorizados vieron como estos demonios venidos de algún lugar desconocido, asesinaban a toda una población. David vio desde la lejanía, puesto que su padre le obligó a huir, como aquellas horrendas criaturas quemaban y mataban a su familia y amigos.

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Lo narrado no es verídico, sino una recreación de lo que pudo ser la primera incursión vikinga, en la Península Ibérica. Los primeros hombres del Norte llegaron a la Península en el año 844 donde fueron avistados en Gijón, poco después penetraron en algunas poblaciones de Galicia tras desembarcar en lo que hoy es A Coruña, saqueando distintas poblaciones como Clunia que fue completamente devastada.

Ramiro I que reinaba Galicia por entonces, se enfrento a ellos venciéndoles y logrando que se marcharan. Los aguerridos vikingos continuarían su aventura y saqueos por la zona portuguesa.

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