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En el año 722 concretamente el día 28 de mayo, se produjo un enfrentamiento bélico que iba a dar inicio a la reconquista de la península Ibérica por parte de los cristianos, ocupada esta, prácticamente en su totalidad salvo la zona norte, por musulmanes.

Retrocediéndonos tan solo 11 años, en el año 711, se produjo la conocida como batalla de Guadalete donde aconteció la derrota de los visigodos al mando del rey Don Rodrigo, frente a los musulmanes, quienes habían desembarcado en la Península Ibérica con la intención de su conquista. En dicho conflicto nuestro protagonista Pelayo, era por aquel entonces jefe de la guardia personal del rey Rodrigo, siendo ambos al parecer primos perteneciendo al linaje de Chindasvinto, antecesor de Rodrigo. Tras el enfrentamiento Pelayo sobrevivirá a la batalla y se guarecerá junto con sus leales en la zona norte de la Península, pagando tributos a los musulmanes, viendo como tras la derrota, los musulmanes comenzaron a extenderse por toda la orografía española.

 

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Cuenta la tradición histórica o bien la leyenda, que el moro Munuza, gobernador musulmán de la zona norte de la Península, quiso el matrimonio de la hermana de Pelayo y para conseguir esto, envió a nuestro protagonista como rehén a Córdoba, pero este pudo liberarse y oponerse al matrimonio. Esto hizo que los musulmanes definitivamente se lanzaran a la conquista total de la Península ya que la única zona que les faltaba para consolidar su dominio definitivo era esa zona norte donde Pelayo y los suyos se encontraban.

Pelayo se convertía así en el caudillo que organizó la rebelión de los cristianos frente al opresor musulmán, por lo que desde su reducto dejaran de pagar los tributos, uniéndose a él gentes vascas, astures y gallegos. Con ello fueron ampliando el control de la zona, llevando expediciones de asalto contra las posiciones musulmanas al mando de Munuza.

 

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Según las crónicas el grupo que comandaba Pelayo podía rondar de 200 a 300 hombres, cuyo cuartel general se encontraba situado en Cangas de Onís, desde donde partían esas incursiones de castigo contra el enemigo.

Esta situación hizo que los musulmanes reunieran un poderoso ejército donde las  crónicas hablan de un total de 185.00 hombres, aunque otras nos hablan de unos 20.000, al mando de Alqama que tenían la finalidad de acabar con el levantamiento de los cristianos, partiendo hacia Cangas.

La leyenda nos cuenta que ante el avance de este poderoso ejército Pelayo tiene una visión en la que ve la cruz bermeja pérdida por los godos en la batalla de Guadalete, apareciéndosele la Virgen, la llamada santina, quien le garantiza que la victoria en la batalla estaría de su lado, así que Pelayo junto con su reducido ejército decide plantarles cara en la zona de montañosa de Covadonga.

Pelayo y los suyos ante el avance musulmán se sitúan en la Cova Dominica, una zona de angostos desfiladeros, que les dan ventaja debido a su posicionamiento en las zonas más altas de la montaña y que mediante el lanzamiento de piedras y flechas, consiguen infligir numerosas bajas a sus enemigos. Esto dio más valor a los cristianos que mediante las escaramuzas que enfrentaron a ambos contendientes, hicieron mermar la moral del ejército invasor, el cual ante la muerte de su líder Alqama, en una de aquellas embestidas, hizo que huyeran precipitadamente del lugar.

 

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Tumba de Don Pelayo

 

Esta batalla, en la que muchos la han calificado como una refriega, un simple intercambio de embates frente a los musulmanes, se trato en gran medida de una victoria que dio gran moral a los cristianos, que a partir de entonces comenzaron la reconquista del territorio peninsular.

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